Participación ciudadana que impulsa la gestión municipal con enfoque SAN
Resumen de la noticia
“No es lo mismo verlo de larguito que estar dentro”, dice María Herrera, quien pasó de observar cómo funcionaba la Comisión Ciudadana de Transparencia (CCT) a convertirse en una de sus voces más comprometidas en el municipio de El Rosario, Comayagua.
En Honduras, las decisiones sobre proyectos, presupuestos y obras municipales históricamente han ocurrido lejos de la mirada ciudadana. En muchos municipios, la gente sabía que algo se estaba construyendo o ejecutando pero no cómo, ni si respondía a lo que realmente necesitaban. Esa distancia entre las decisiones públicas y las realidades que viven las comunidades es precisamente lo que las Comisiones Ciudadanas de Transparencia (CCT) han contribuido a reducir.
El Rosario, Comayagua, forma parte de los 39 municipios priorizados por el Apoyo Complementario AECID/EUROSAN DeL. Allí, como en muchos territorios del país, la participación ciudadana en la gestión municipal era más una aspiración que una práctica cotidiana. Eso cambió cuando el equipo técnico de la Asociación de Organismos No Gubernamentales (ASONOG) comenzó a convocar a personas dispuestas a involucrarse. María Herrera fue una de ellas, aunque en ese momento no dimensionaba del todo lo que eso significaba: "Saber mucho, no sabía, no estaba consciente de todo lo que implicaba", admite.
María cuenta que las capacitaciones se realizaban los sábados y recuerda con emoción que “poco a poco aprendí a revisar actas, identificar hallazgos, solicitar información pública y asistir a reuniones de corporación con criterio propio. Una de mis primeras acciones fue gestionar una oficina para la comisión dentro del mismo edificio municipal. Desde ese momento, el trabajo tomó forma y el respeto también: por correo me mandaban lo que pedía, inmediatamente”. Todo esto fue un logro que nunca imaginó alcanzar.
Lo que más la marcó fue comprobar que su labor podía cambiar cosas concretas. Verificar que los proyectos se ejecutaran según lo programado, que las agendas de la corporación municipal se cumplieran, que los patronatos estuvieran debidamente organizados. “Uno ahí se da cuenta de cómo está trabajando la alcaldía y las comunidades, y eso es lo más bonito: ver cómo ellos logran proyectos que se necesitaban”, reflexiona.
El camino tuvo sus retos. Mantener la participación no siempre fue fácil, algunas personas se fueron retirando al descubrir que el trabajo es voluntario: "hay personas que creen que tenemos un sueldo y cuando ven que no hay de dónde, se van yendo", reconoce María. Para quienes se quedaron, la motivación nunca fue económica. Ver que un proyecto se ejecutó como fue prometido, que una comunidad recibió lo que necesitaba, que la Corporación rindió cuentas … ¡ese fue el verdadero salario! "Lo más bonito es ver cómo las comunidades logran proyectos que necesitaban", dice con orgullo por haber participado en todas las etapas.
El trabajo de ASONOG en el marco del Apoyo Complementario AECID/EUROSAN DeL dejó una huella concreta en la manera en que la ciudadanía se relaciona con los gobiernos locales. A través de un proceso formativo integral que incluyó diplomados, talleres y acompañamiento técnico directo en territorio, las CCT fortalecieron sus capacidades legales, técnicas y éticas para ejercer el control social de manera efectiva e independiente. Como resultado, estas comisiones revisaron presupuestos municipales, verificaron obras, participaron en cabildos abiertos e incidieron en decisiones vinculadas con la seguridad alimentaria y la nutrición en sus comunidades.
Esta transformación fue posible gracias al financiamiento de la Unión Europea y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), cuyo apoyo permitió que las CCT se convirtieran en actores reconocidos por los gobiernos locales.
Un legado que trasciende los ciclos políticos, y los períodos de cooperación, y que hoy se sostiene en el compromiso cívico de personas que, como María Herrera, decidieron que velar por el bien común, valía la pena.